GAY
Soy un absoluto nabo a la hora de un ligue: un ser viviente puede estarme ligando descaradamente y yo estaré babeando la almohada de mi distracción inpunemente. Cuando me doy cuenta me ofendo, pero en las entretelas de este drama ligatorio me avergûenzo de que me hayan estado aventando los boxer shorts y yo, en la lejana Babia.
Debo decir a esto que mi relación con los señores gays ha sido favorable, benévola y de su parte ha sido muy generosa siempre, porque de ellos he aprendido la sagacidad, me han contagiado de su ingenio. Me han enseñado dos o tres trucos y yo no les he enseñado ni los calzones porque ni les importa...
Uno de mis mejores amigos que es gay, se salió del clóset conmigo a base de algunos puñetazos mentales que alguna vez yo le ponía, pero como la mula terca que es, jamás se me abría, aún sabiendo que yo era la persona que más lo respetaba, quería y admiraba. Éramos inseparables, aún lo somos, pero en aquella época vivíamos, comíamos y respirabamos juntos porque éramos compañeros de escuela.
Un día sabiendo yo que el tipo estaba sufriendo por enamoramiento crónico de un muñeco, le insistí en que me dijera que le pasaba. Se resistió a contarme porque sabía que se vería ridículo mintiendo que estaba enamorado de una vieja y porque no atinaba a por fin desmecatarse y confesarme que era homosexual.
Entonces yo medio harta y hasta un poco ofendida por su falta de confianza, anuncié con fanfarrias y cuetes chinos piratas: "Mi nene, ya sé lo que voy a hacer para que estés contento y relinchando. Te daré la medicina de mi tía. Y el que conocía hasta que marca de toallas usaba, se puso pálido, sabiendo que el chamuco en una de sus manifestaciones se le había aparecido...
Acto seguido le dije que nos ibamos a dar un buen acostón para que se pusiera contento, se aliviara un poco de sus genitales y así, con un pacto de sangre y demás fluidos íbamos a sellar para siempre jamás la cofradía de nuestra amistad.
El ingrato se me resistió todavía como dos horas, hasta que le dije: "...o tenemos fornicio o me enojo".
Por fin entregó la plaza y con toda la paciencia que siempre me ha tenido me contestó con voz bajita: "Pam, soy gay...", siguiéndo la vieja tradición, le dije: "que te costaba decirme cabrón..." Esa historia de amor, como la que tengo con mis demás comadres de ambiente, será quizás la más duradera, feliz y entrañable que yo pueda tener con cualquier hombre...


Tú me asustas, me da miedo pensar, que el tiempo no se detendrá, que el cuerpo es un espacio temporal...
Tú me asustas, me pones a temblar, la sangre siempre pide más, la sangre no se puede controlar...
Hoy que el amor es un efecto especial que todos pueden vivir, que todos pueden comprar...
No sé de que color me va a poner hoy, no sé de que tamaño puedo ser hoy, ni sé de que color te siento...
eros dijo
Menos mal que vuelves a escribir. Te echaba de menos. Un besito
5 Febrero 2007 | 05:41 AM